Los testimonios más antiguos sobre la bicicleta se remontan hasta las antiguas civilizaciones de Egipto, China e India, tanto era el interés que hasta Leonardo da Vinci le dedicó un apartado de la obra “Codez Atlanticus” que ya registraba un pequeño boceto de este vehículo. Y es que esa es la capacidad del hombre, la que permite cada día encontrar la manera de estar innovando y mejorando a pequeña o mayor escala cualquier necesidad que surja.
Desde Dandy Horse, pasando por Kirkpatrick Macmillan hasta llegar por fin a nombres como Ernest Michaux y James Starley fueron hombres que no estuvieron conformes con lo que otros habían realizado y decidieron aportar su idea, si, tan sencillo como una idea, su propuesta, que por supuesto no termino allí, nunca se está lo suficientemente conforme y a pesar de que se hable de algo tan sencillo como una bicicleta, éste resulta un claro ejemplo inconformidad.
Modificaciones, mejoras, variaciones, adaptaciones y pare de contar, todo esto influye a lo que el hombre con su comportamiento ha preferido adquirir al tomar conciencia del proceso de construcción de la realidad y que de alguna manera se presenta como un rechazo a la misma. A nadie le gusta que le digan que no y mientras más nos muestran negación o prohibición más ansias se crean, pero qué pasa cuando a nivel social la implantación del conformismo aniquila la conciencia. Pensar que ya está todo creado, que no tiene sentido hacer más, o lo que es aún peor, miedo de realizar algo.
Si se empezó con una simple idea de un transporte impulsado con las piernas, se termino con la bicicleta y hoy en día millares de cosas partieron de allí, ¿por qué la sociedad pareciera hoy en día ignorar lo insuficiente que es pensar que ya es suficiente?